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Se volcó
a la cuenca de tus ojos
para llegar
a la espalda de tu mirar.
Tropezó en el camino
con una ectalactita,
camuflada
en la sonrisa dulzona
del mirar entre dos líneas,
punsante y doblegada
como haz de luz en penumbra
y en completo acuerdo
con tu boca cerrada
a punto de estallar ,
en su caída
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