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El apasionado cielo de un ocaso estío,
esfumó la lágrima en la lejanía
y el agudo grito del dolor bravío
quedó en el susurro del silencio oscuro.
Cómplice el aire de ese cielo rojo
dió vida a la lágrima,
dió risa a ese grito
y al silencio oscuro lo aclaró en un beso.
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